Siempre hablamos o hacemos una pausa y nos ponemos a pensar en esos momentos que llegaron sin ser esperados, que nos sorprendieron, pero pocas veces nos paramos en la otra vereda, en las cosas que se van sin que sea el momento, porque algo adelantó el reloj, y la ausencia de algo, viene acompañada de un montón de palabras, esas mismas palabras que hasta ayer eran cotidianas, esos te extraño que hoy, los haces bollito y muchas veces se convierten en lágrimas, porque lloras, sacas todo afuera, pero cerras los ojos y como si fuera un acto involuntario, queres retener al menos un poquito de eso que queres soltar, y así se repite, cada vez crees que soltas más, que estas en la postura del "ya esta" que te la tenes que creer, porque hay que convencerse de eso, y otra vez, otra noche miras al techo, y todas las veces que dijiste "ya esta" la haces un bollito y las tiras con todos los te extraño que te guardas. Que el tiempo, que salir, que entretenerse con otras cosas, "tener la cabeza ocupada" y todo eso, que hasta a veces una misma lo aconseja, queda ínfimo al lado de lo que sentis y los recuerdos, porque basta que suenen los acordes de ESA canción, para que hagas una descripción casi perfecta en tu mente de todo lo que creías que habías superado, o al menos que no estaba tan presente, y puedo asegurar que la noche es el peor enemigo del desamor, porque tiene ese poder de hacer que la cabeza funcione cuando tendríamos que cerrar los ojos y dejar de pensar, y esta la tentación de decir todo lo que tenes guardado, pero el ¿para que? le gana a todo ese valor de un segundo que tuviste y ni te cuento si ya lo hiciste y la respuesta siempre fue la misma, "las ganas te quedan rengas y el vaso por la mitad", y hay que aprender a convivir con eso que nos pone triste, porque sonreír esta bien pero hay que permitirse estar mal, porque tarde o temprano, uno dice basta.
Escrito por Ayelén Medina.
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